Paprika Natural Bistro. Proyecto desconectar en Valencia

 

Un lugar con encanto en medio de una parcela gris.

Así asocio uno de mis momentos más ansiados del día, el momento café. Un momento, en un lugar. Vale entre cinco y treinta minutos de tu vida, y puede llegar a producirte más energía y luz de lo que nos pensamos.

El “momento café” lo utilizo a modo de nomenclatura general, puede ser zumo, libro, infusión, tapita, son los puntos y aparte de nuestro día.

Parte del establecimiento de Paprika Natural Bistro
Desconectar en Valencia con un desayuno urbano y saludable. «Imagen obtenida de la fanpage de Paprika Natural Bistro»

Hablo efectivamente de desconectar. Últimamente me doy cuenta de que algunos nos inducimos una especie de adicción al trabajo, y en trabajo no me refiero sólo al plano laboral sino también a todas aquellas tareas que no se hacen solas y otras tantas que nos inventamos y exigimos.

En total nos aplicamos una extensa jornada laboral compuesta por trabajo, confección de elaboradas listas de tareas pendientes, propósitos, objetivos. Reestructuración del horario y un largo etc..

Algunos controladores y analíticos compulsivos como yo, saben de lo que hablo. Pero tenemos un problema, o más bien varios.

El problema número uno, es que no sabemos desconectar. Personalmente odio cuando a alguien se le llena la boca aconsejándote que tienes que desconectar. ¿En serio? No lo habría imaginado nunca.

El problema número dos, es que nos volvemos terriblemente exigentes con el espacio en el que nos tomamos ese momento de desconexión. Es un momento irritante, nervioso, intranquilo, sientes cómo te alejas de tu puesto, dejas atrás el ordenador. Por ello dónde nos ubiquemos toma especial importancia y todo te molesta, una taza de café al 99% limpia, el poso de un vaso, el olor de la persona de al lado, ese perfume (de 120 euros) resulta que no te gusta ese día y algo que puede conmigo, que pidas sacarina y nunca se acuerden de traértela.

En fin, todo despropósitos para eso de desconectar. Pero seamos claros, si tenemos la suerte de poder parar cinco minutos, deberíamos valorarlo y hacerlo. No todos pueden.

Así que, motivada por el gastroamor, aquel tipo de amor del que hablábamos en artículos anteriores, amor a un lugar, me he marcado un objetivo: Voy a hacer mi pequeña investigación de mercado y descubrir el mejor lugar para ello.

Desconectar con un agradable desayuno compuesto por unos bocadillos vegetales con pan de centeno, mezclum de lechugas y atún. Acompañado de unos licuados de naranja y zanahorias
Bocadillo con mezclum de lechugas y licuado de naranja y zanahoria. «Imagen cedida por comensales reales del restaurante»

Hoy empiezo con un establecimiento especial. Lo descubrimos por casualidad de camino al trabajo, se trata de Paprika Natural Bistro. Aún recuerdo el día que nos emocionamos pensando que habían abierto una cafetería nueva y fuimos a tomarnos un café de media mañana. Con nuestro nivel de receptividad y simpatía activados al máximo, preguntamos si el sitio era nuevo, convencidos de que la respuesta sería afirmativa, lo cierto es, que la camarera, con una gran sonrisa, nos respondió que llevaban casi un año.

Bueno, conclusión, a veces no hace falta irte lejos para darte cuenta de que a tu alrededor hay cosas maravillosas.

Como buena amante del branding, puedo decir que se me gana por las sensaciones que genera mi organismo ante un producto o una marca, en este caso Papryka, como identidad empresarial, me produjo una serie de sensaciones por las que merece mi atención.

Sin probar su materia prima, entro en un ambiente pacífico, puedo decir que consiguen un agradable equilibro entre la calidez de un lugar natural, la estética retro y algo que no me explico, una pincelada empresarial. Porque cada espacio para tomar café me recuerda a un lugar idóneo para sentarse con un simpático y cercano cliente para ponernos al día. ¿O esto último también se trata de un problema que me tengo que hacer mirar?. Mmm… Bueno, sigamos…

Lo siguiente que me encuentro es que se trata de un lugar cuya filosofía es poder comer de forma sana y saludable. ¿Han puesto cerca de mí, un lugar dónde no voy a volver al trabajo oliendo a frito? Señores, esto se trata de gastroamor. Además también es un lugar que apoya otros valores, como el consumo de productos ecológicos de productores artesanos, o el Slowfood.

Admito que no soy una experta en estos temas, por lo que de momento no voy a profundizar, pero como persona a la que le encanta cuidarse, valoro que pongan a mi alcance en el día a día, un buen licuado de frutas y verduras fresco.

Pedir sacarina y que se acuerden de traérmela, y no sólo eso sino que me den otras opciones, como sirope de agave… y escuchar a mi compañero repetir con seguridad renovada, “¿Ves? Es que la sacarina es muy mala”… No entraré en ese debate, sólo con realizar una pequeña búsqueda, puedo ver en la misma página al 50% resultados con posturas contrastadas.

Pedir un café con leche y que tu compañero más animado pregunte si hay leche de soja, y no sólo de soja, tienen de avena y algún tipo más que se me escapará.

También puedo resaltar los bocadillos con mezclum de lechugas, riquísimos. Después de un día en el que nos dimos cuenta de que se podía comer y cenar estamos deseando volver para ver el lugar con diferente clima.

Estaremos atentos a la fanpage de Paprika para enterarnos del menú de cada día.

Así que no sólo me aportó esos famosos cinco minutos de desconexión, también novedad y además, algo que considero fundamental:

Que es un verdadero lugar con encanto en el que se dulcifica el sonido y suaviza tus mañanas en una gran parcela gris (tu cerebro agotado, y el color de la ciudad).

 

 

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.